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Arco I | Cap. 6

Un niño más de Conil

Arco ICap. 6
23 Apr 2026

— ¡Anda! ¡Buenos días, Sombrero! Oh, veo que traes compañía… —dijo Bram con un tono intrigante, observando a Cian.

— Sí. Es un amigo que me encontré ayer —contesté.

En cuanto amaneció, Cian y yo fuimos a la tienda del matrimonio. Bram, como siempre, estaba lleno de energía. Después del saludo, se escucharon unos pasos apresurados provenientes del piso de arriba.

— ¡Sombrero, qué pronto has llegado hoy! —gritó Lyra mientras bajaba las escaleras rápidamente.

— ¡Pero, Lyra! No bajes tan rápido, podrías caerte —dijo Bram, apresurándose hacia la escalera.

Cian y yo también nos alertamos por su seguridad, pero bajó tan rápido que no pudimos acercarnos para ayudarla.

— Veo que traes contigo a otra persona. ¡Ay, madre! Que va en pijama. Y con el frío que hace fuera… Bram, corre, trae una manta.

Bram obedeció al instante, cual soldado. Trajo una manta y se la puso por encima de los hombros a Cian.

— Y encima tiene la cara embarrada y llena de golpes. ¿Qué le ha pasado a este chico?

— Pues… Es una historia un poco larga —dije, levantando mi brazo herido para rascarme la cabeza.

Lyra se fijó en mi brazo, y, desgraciadamente, las cosas empeoraron.

— ¡Pero, Sombrero! ¿Y ese brazo? ¡No me había fijado! Te dejo solo durante una noche y traes a un niño sucio con tu pijama de hace seis años, y encima vienes con una herida grande en el brazo. ¡Hasta te has destrozado la túnica!

— Ah…

Lyra siguió hablando, mostrando aún más preocupación y regañándome por la situación. Cian me miró con los ojos como platos, sin procesar del todo lo que sucedía.

«Sabía exactamente que esto iba a pasar.»

Lyra no pareció quedarse satisfecha hasta asegurarse de que seguía teniendo los dos brazos.

Unos minutos después, el ambiente se relajó. Lyra nos ofreció sentarnos en la mesa del piso de arriba para hablar con calma. Una vez sentados, les conté con detalle lo que había sucedido la noche anterior.

— Entonces, ¿lo encontraste anoche en un callejón, mientras otros niños se burlaban de él, lo recogiste, lo invitaste a cenar y luego se fue contigo para dormir en tu cabaña? —preguntó Lyra.

— Muy resumido, pero sí. —Asentí.

— Entiendo —dijo Bram, pensativo.

Cian solo se limitó a mirar hacia la mesa sin decir nada.

— Y tú, chico, ¿qué hacías en Conil? No te he visto nunca por aquí —preguntó Lyra, dirigiendo su mirada hacia Cian.

— Bueno… —murmuró.

— Parece que ha tenido un viaje… complicado —contesté.

Lyra captó al instante que no quería insistir en el tema. Se sentó correctamente en la silla y extendió su brazo hacia mí.

— Préstame la túnica, te la coso en un momento.

«Justo lo que esperaba». Una pequeña mueca de satisfacción asomó en mi rostro.

Me quité rápidamente la túnica, aunque mientras lo hacía noté un pequeño tirón hacia abajo.

— Oye… Pero se te verá el pelo —murmuró Cian, mirándome con preocupación.

Le devolví la mirada a Cian, y sonreí.

— No te preocupes, son de confianza.

En ese momento, Cian soltó poco a poco la tela de mi túnica. Me la quité, dejando ver mi camiseta interior, y se la di a Lyra.

— Uff, pero si está muy sucia. Y tiene sangre… Desde lejos no se notaba porque es de un color similar —dijo Lyra mientras se acercaba la túnica a los ojos para ver con más detalle—. Cariño, ¿podrías ver si tenemos algo para limpiar esto en el almacén?

— ¡Enseguida, jefa! —gritó Bram mientras hacía el típico saludo de soldado y salía corriendo.

— Pff. —Cian soltó una breve carcajada. Pero instantáneamente, volvió a borrar su sonrisa.

Cian pareció tan sorprendido por su propia risa como nosotros.

«Se ha reído… Nadie puede con Bram».

Lyra y yo nos miramos con un rostro impresionado y sonreímos mientras mirábamos a Cian. Luego, Lyra se levantó y se acercó a él.

— Ay, madre mía. Qué niño tan bueno, ¿por qué tendrá que pasar por esto?

Antes de que Cian pudiera reaccionar, Lyra lo rodeó con los brazos y le apretó las mejillas contra las suyas.

— Per… Espera… No puedo respirar… —dijo Cian, sofocado.

— Mucho tardabas, Lyra —dije.

Cian se quedó igual de perplejo que despeinado. En cuanto Lyra dejó de abrazarlo, me acordé de otro favor que quería pedirles.

— Lyra, ¿tendrías por casualidad algo de mi ropa de hace unos años guardada?

— Mmm, hace poco tiramos mucha ropa. Pero creo que nos quedamos con algunas cosas como recuerdo —dijo pensativa mientras miraba hacia una de las habitaciones.

Cian, nervioso, interrumpió.

— No, de verdad. No hace falta… Si tengo planeado irme hoy.

Lyra me miró, preguntándome qué hacer, como si Cian fuera ahora mi responsabilidad.

Suspiré y fijé la vista en el niño, cuyo cabello ya no conservaba rastro de aquel azul de Elysia.

— La quemé.

— ¿Eh? ¿El qué?

— Tu ropa.

Cian se incorporó de golpe.

— ¿¡Cómo que la quemaste!?

— Me descuidé un poco y mis llamas la quemaron sin pedirme permiso.

«Por una vez, esas llamas sirvieron para algo.»

— Pero… —dijo Cian mientras miraba para otro lado, frustrado.

Solté una breve risa y razoné con él.

— No te preocupes. Estaba destrozada. Además, salir con esa apariencia solo te traería más problemas.

— Bueno…

Lyra me miró con complicidad mientras asentía y me mostraba el pulgar.

— Genial, voy a buscar algo de ropa, a ver si recuerdo dónde está… —dijo Lyra mientras se apresuraba hacia la habitación—. Oh, por cierto. Bram acababa de preparar la tina; siempre le gusta el agua caliente antes de abrir. Aprovecha y quítate toda esa suciedad ahora, ya se bañará él luego.

Cian volvió a mirarme mientras se levantaba, parecía algo aturdido.

Está por allí. No te preocupes, Cian. Ellos siempre han sido así. A mí me hicieron exactamente lo mismo.

Él asintió y se dirigió en la dirección que le señalé. Poco tiempo después, Lyra regresó. Había encontrado la ropa que buscaba; hacía unos cuantos años que no veía aquellas prendas. Se las llevó a Cian y volvió a la mesa. Justo en ese momento, Bram llegó del almacén y le entregó el artefacto que Lyra había pedido.

— Muchas gracias, cariño.

— No es nada. Por cierto, esta situación me recuerda muchísimo a la de hace once años —comentó Bram, observándome.

— Es prácticamente igual, la verdad. Aunque ahora has tomado el relevo del Shofu, Sombrero —dijo Lyra, mirándome con afecto. Luego se puso seria—. Bueno, ¿qué ha pasado realmente? No creo que sea de por aquí.

— Pues no. Viene de una de las capitales, de Elysia. Y parece que se ha escapado de casa. Un viaje tan largo… Dudo que sea una tontería propia de un niño.

Mientras escuchaba, Lyra acercó el artefacto hacia mi túnica. Este comenzó a brillar y, poco tiempo después, las manchas desaparecieron. Luego, se puso a coser la manga con aguja e hilo.

— Entiendo. Tampoco es que sea muy hablador —comentó Lyra mientras volvía a mirar hacia mi túnica.

— Supongo que es normal. Me ha dicho que Elysia y el reino entero le han empezado a desagradar. Seguramente lo que sucedió le llevó a desconfiar de todos, nosotros incluidos. No creo que sea algo que desaparezca de la noche a la mañana. Aunque a veces se le escapa cómo es realmente. ¿Recordáis la primera vez que me visteis? Cuando nos conocimos.

— ¡Ja! Claro, no nos podías mirar a los ojos, y no decías ni una sola palabra. No entendimos por qué el Shofu te trajo hasta aquí hasta que te conocimos mejor —dijo Bram, nostálgico.

— Así fue. Me veo reflejado un poco en Cian.

— Un poco no. Da miedo lo parecidos que sois —respondió Bram—. No le des muchas vueltas, e intenta que el niño no se muera.

— ¡Eso e…! ¡Bram! ¡Pero cómo le dices eso al chico! —gritó Lyra mientras le tiraba de una oreja.

Bram se empezó a disculpar mientras se reía.

— ¡Es broma! ¡Es broma! Ahora en serio, me recuerda mucho a ti, Sombrero. Intenta cuidarlo mientras se deje.

— Eso intenta…

Antes de terminar la frase, los tres nos alertamos por un sonido proveniente de abajo. La puerta de la tienda se había abierto.

— ¡Oh! Parece que ha entrado algún cliente. Ahora vuelvo —susurró Bram mientras se levantaba con agilidad.

Supuse que no era alguien del pueblo. Todavía no eran las ocho de la mañana, la hora a la que Bram y Lyra solían abrir.

Pronto se escuchó la voz de Bram mientras se alejaba bajando las escaleras:

— ¡Bienvenido! Veo que es usted un viajero… ¿Un cazador?

La palabra 'Cazador' golpeó el aire como un martillazo. El ambiente cálido del salón se evaporó al instante. Me quedé inmóvil. Mi mente fue directamente al hombre de la taberna.

— ¿Podría esperar un momento? Todavía no es la hora de abrir y nos faltan cosas por preparar.

— ¡Disculpe! No sabía a qué hora abría. No quiero molestarle, solo quería preguntar una cosa; me han dicho que este es el lugar indicado para resolver mis dudas.

— ¡Genial! Entonces, ¡dispare! Bueno… no lo haga literalmente. Tengo una preciosa esposa y un hijo en camino…

— Jajaja. ¡Veo que es tal como me habían dicho! No se preocupe, no llevo armas de fuego encima —dijo mientras se abría el chaquetón de piel, dejando ver una espada reluciente—. Y tampoco vengo con malas intenciones.

Bram se rió al comprobar que el cazador no parecía hostil.

— ¡Me alegro! Siento la desconfianza, pero no suelen aparecer muchos cazadores por Conil. En fin, ¿qué duda tenía?

— El gremio de cazadores publicó una recompensa para deshacernos de unas anomalías con los aurífagos por esta zona. Últimamente están apareciendo más por el reino, y este es uno de los lugares marcados en el mapa.

— No he notado nada raro respecto a los aurífagos.

— Eso es bueno. Hemos venido para evitar que empiecen a condensarse más de lo habitual en estos sectores.

Mientras Bram conversaba con el forastero, Lyra me hizo señas urgentes, señalando mi cabello y luego mi túnica para darme a entender que debía cubrirme. Era muy arriesgado dejar que alguien ajeno viera mis raíces escarlata; la escalera estaba a solo unos pasos de donde me encontraba. Cogí la túnica intentando hacer el menor ruido posible y me puse la capucha.

Al terminar de ajustármela, me fijé en la manga derecha y noté que ya estaba completamente cosida. Se notaba el remiendo porque faltaba un trozo de tela, pero no me molestaba en absoluto.

«Madre mía, qué rápido cose Lyra», pensé con orgullo. Acto seguido, le dediqué una sonrisa y le mostré el pulgar en señal de agradecimiento. Ella me devolvió el gesto de la misma forma.

— Buscamos un lugar espacioso y húmedo. A ser posible con poca luz; algo como una cueva con cámaras grandes. ¿Sabe si hay algo así por aquí cerca?

— Pues… No sabría decirle. No suelo salir mucho del pueblo.

— ¿En serio? Debe de ser una vida extraordinariamente tranquila —comentó Al mientras se quitaba un guante de cuero con parsimonia—. No recuerdo la última vez que pasé más de una semana sin abandonar una ciudad.

Bram se rascó la nuca, visiblemente incómodo.

«Viviendo toda su vida en Conil y no se conoce los alrededores. Bram, deberías salir más de la tienda…», pensé para mis adentros mientras me cubría el rostro con un gesto de decepción.

— No se preocupe, iré a preguntar a otros vecinos —dijo con tono amable, mientras se daba la vuelta y alzaba el brazo para despedirse.

— Yo conozco un lugar así por aquí cerca —intervine, mientras comenzaba a bajar las escaleras.

Se hizo el silencio durante los segundos que tardé en descender los escalones. Al llegar abajo, me di cuenta de que, efectivamente, se trataba de uno de los cazadores con los que me crucé la noche anterior en PiernaVieja. Y, por desgracia, era precisamente el que se me había quedado mirando durante un buen rato al marcharnos: un hombre de complexión fuerte y pelo largo castaño.

— ¡Oh! —exclamó el cazador con voz baja al verme.

Me miró fijamente durante un par de segundos mientras fruncía el ceño levemente. Luego, hizo un pequeño gesto con el brazo, instándome a que hablara.

— Y usted es…

— Me llaman Sombrero. Y respecto a ese lugar que busca, es tal como dice: una cueva con cámaras amplias conectadas por túneles naturales. Está a una hora caminando desde aquí, más allá de las montañas gemelas.

«¿Se acordará de lo de anoche? No parece recordar que me vio con Cian en PiernaVieja…»

El cazador se sobresaltó un poco y, de repente, sonrió.

— ¡Perdonadme! He sido un poco descortés, todavía no me he presentado. Soy Al. Es un placer conocerles —dijo mientras hacía una pequeña inclinación, posando la mano sobre su pecho.

— ¡Encantado! ¡Yo me llamo Bram!

— Me alegra que conozcas el lugar, así no tendré que seguir dando vueltas. ¿Podrías hacer el grato favor de guiarme hasta allí? Sería de gran ayuda.

Bram soltó un suspiro y me miró con resignación.

— Siento tener que rechazarle, pero tenemos que abrir la tienda dentro de poco y…

— Quinientas monedas de oro.

— ¿A qué hora quedamos? ¿Le parece bien en la plaza de Conil?

La respuesta de Bram fue inmediata; ni siquiera se molestó en mirarme para fingir que me consultaba.

«Ah… Típico de Bram».

— ¿Les complace sobre las once? Yo también tengo algunas cosas pendientes —propuso Al.

— Genial, nos vemos a esa hora.

Al asintió con cortesía y abandonó Piedras Conil. En cuanto cerró la puerta, miré a Bram mientras parpadeaba de una forma exageradamente lenta.

— Yo también tengo que ir, ¿verdad?

— Claro, si eres el único que conoce el lugar —me respondió, mientras ponía una mano sobre mi hombro. Vi cómo sus pupilas se dilataban, reflejando el brillo de unas monedas que aún no existían. Se giró hacia mí con una sonrisa desencajada, de esas que prometen que no aceptará un 'no' por respuesta.

Muy a mi pesar, sabía que no podía rechazar los negocios de Bram. Acto seguido, él subió las escaleras corriendo para celebrarlo con su esposa mientras gritaba:

— ¡Quinientas monedas de oro! ¡Por fin podemos comprarnos una isla privada!

— ¿Qué dices de una isla? —le reprochó Lyra desde arriba.

— Bueno, una isla no. Pero igual un cobertizo bastante bonito si.

Yo me limité a subir los peldaños lentamente, negando con la cabeza.

— Jajaja, ¡es broma, es broma! Pero con esto podremos mantener la tienda cerrada un tiempo, hasta después de que nazca el niño. Así le daremos toda la atención que necesite —exclamó, rebosante de felicidad.

Entonces, Bram hizo el amago de abrazar con fuerza a Lyra, pero se detuvo en seco al recordar, con un deje de ironía, que estaba embarazada. Así que cambió de objetivo y me estrujó a mí. Recuerdo que mis pies dejaron de tocar el suelo y, después de eso, los acontecimientos son algo confusos.

Cuando recobré los sentidos, estábamos todos sentados alrededor de la mesa y Cian ya había vuelto. Llevaba puesta la ropa humilde que yo solía usar cuando tenía su edad.

— ¿Ves? Te queda genial. ¡Ahora eres un niño más de Conil! —dijo Lyra mientras le revolvía el pelo con cariño.

— Gracias —susurró Cian, clavando la vista en el suelo con timidez.

— Pues no te queda nada mal, la verdad —comenté, posando la mano en mi barbilla con aire pensativo.

— ¡Oh! ¿Ya has despertado, Sombrero?

— Sí, creo que ya estoy consciente… Más o menos.

— Perdón… —murmuró Bram, mirándome con una mezcla de arrepentimiento y alivio por no haberme roto nada.

Como disculpa por su excesiva efusividad, Bram se puso a preparar té para todos. Mientras el aroma de las hierbas llenaba la estancia, yo no dejaba de darle vueltas a la situación con el cazador.

«Algo no encaja. Espero estar equivocándome.»

Notas del Autor

"El cazador busca aurífagos, pero sus ojos buscan otra cosa. En el gremio, cuando la recompensa es alta, la presa suele ser lo que menos te esperas. Sombrero, ten cuidado: las paredes de piedra de Conil tienen oídos, y el bosque tiene memoria."